La lobuloplastia es una cirugía menor de caracter ambulatorio que busca corregir los lóbulos de una o de las dos orejas del paciente con el objetivo de recuperar una morfología más estética.
Las orejas, en sí mismas, crecen durante el envejecimiento y los lóbulos lo hacen también. Un lóbulo pequeño y redondeado se asocia frecuentemente a aspecto juvenil, mientras que las formas más alargadas suele manifestar un lóbulo más envejecido.
Un lóbulo de oreja normal tendría que tener un tamaño aproximada al 25% del pabellón auricular, lo que viene a ser 1,8 mm aproximadamente. En ocasiones nos encontramos que esta regla no se cumple por circunstancias genéticas o adquiridas como veremos a continuación.
Causas de reparación del lóbulo
Las circunstancias genéticas que pueden derivar en una lobuloplastica es la presencia de un lóbulo demasiado grande (mega lóbulo) y/o asimétricos (circunstancia que suele darse también en lóbulos grandes).
Dentro de las causas adquiridas tenemos:
- El tiempo y el envejecimiento derivan en lóbulos flácidos y sin volumen. Su rejuvenecimiento es sencillo y en ocasiones infiltraciones con ácido hialurónico es suficiente como veremos más adelante.
- El uso de pendientes y dilatadores. Hasta ahora, este tipo de cirugías eran propias de mujeres, pero las nuevas tendencias como son el uso de expansores han favorecido la demanda de este tipo de intervención por parte de ambos sexos. En el caso del uso de pendientes, los agujeros del lóbulo se pueden rasgar parcial o totalmente (lóbulo bífido) y por otro lado el uso de dilatadores elongan esta parte llegando a mostrar una imagen poco estética que no agrade a quien lo lleva.
- Lóbulos de duende o «pixie-ear» consecuencia de un lifting facial donde se ha producido un exceso de tracción cuando se ha querido esconder la cicatriz debajo de la sombra del pliegue.
Cómo se lleva a cabo una lobuloplastia
La técnica y el tiempo empleado dependerá de cuál sea el estado del lóbulo y causa que lo haya generado.
Lóbulos rasgados
Los lóbulos rasgados es la causa más común para recurrir a este tipo de intervención. Existen diferentes grados:
● Leve: El lóbulo presenta un alargamiento mínimo del orificio del pendiente que
puede pasar desapercibido. Puede solucionarse con procedimientos centrados en el
orificio y uno de ellos son infiltraciones de ácido hialurónico que rellenan el tejido y cierran un poco el orificio. Se trata de una solución parcial
● Moderado-grave: Los orificios están rasgados hasta casi el borde
● Grave: Estamos ante un lóbulo bífido que se ha roto hasta el borde y se ha partido en dos.
En los casos moderados y graves debemos ir a quirófano porque no se trata de dar unos meros puntos de sutura sino que tenemos que cruentar el tejido para que se peguen. Para ello retiramos la piel creando dos colgajos triangulares verticales (uno a cada lado del desgarro) que luego giraremos y uniremos con los puntos de sutura. Queda una cicatriz muy disimulada.
Lóbulos con dilatadores
Las dilataciones tienen el incoveniente que no solo elongan el lóbulo sino que también lo afinan, por lo que requiere una reconstrucción del lóbulo completa.
Normalmente las dilataciones suelen empezar por unos 2 milímetros de diámetro y en algunos casos llegan a medidas extremas. Por tanto la cirugía dependerá del grado de dilatación que tenga el paciente y tendremos que valorar cuánto debemos reducir tanto a lo alto como a lo ancho.
Antes de la cirugía el paciente se habrá quitado los dilatadores y en la medida de lo posible habrá masajeado la zona para favorecer el riego sanguíneo. Ya en quirófano, debemos retirar el tejido sobrante y aprovechar aquel que sea recuperable para reconstruir el lóbulo de forma equilibrada y armoniosa al resto de la oreja. En ocasiones infiltrar ácido hialurónico o grasa autóloga nos ayuda a mejorar la calidad y atrofia de la piel.
Pixie-ear o lóbulos de duende
En el pixie-ear la solución no es sencilla y tenemos que ir a técnicas de reconstrucción porque debemos volver a traccionar la piel en sentido contrario, es decir hacia la cara y el cuello para evitar la tensión que ha generado esos lóbulos de duende. A veces podemos extraer piel de vecindad de detrás de la oreja para facilitar esa destensión.
Lóbulos flácidos y con pérdida de volumen
En los casos en los que el lóbulo auricular esta flácido y sin volumen podemos devolver su turgencia con la simple infiltración de un material de relleno, ya sea con acido hialurónico (que se realizaría de forma ambulatoria) o con la grasa del propia paciente para un resultado permanente (donde tendríamos que ir a quirófano)
Estos casos los vemos con cierta frecuencia en consulta en mujeres relativamente jóvenes que aún no tiene n necesidad de pasar por una intervención pero empiezan a notar que los pendientes ya no les quedan tan bien colocados como antes. En estos casos, la inyección de acido hialurónico de forma ambulante soluciona el problema en unos minutos y las sesiones pueden espaciarse durante meses.
Postoperatorio de la lobuloplastia
Los resultados son inmediatos y las molestias dependerán del grado de reconstrucción que haya habido que hacer.
En cirugías más invasivas recetamos antibióticos y antiinflamatorios que ayudan al paciente a tener un postoperatorio relativamente normal. Para el resto con soluciones yodadas suele ser suficiente.
Se debe cuidar la higiene de la zona y no acudir a espacios cerrados y húmedas como saunas para favorecer la cicatrización.
Evitaremos dormir sobre la oreja afectada y en el caso de que sean las dos, se recomienza dormir boca arriba.
Si se quiere volver a poner pendientes hay que esperar unos meses para asegurar la correcta cicatrización de la zona y colocarlos en una zona anexa a donde estaba antes y no en el mismo lugar para que no haya problemas de nuevo.


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